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La Alianza Metropolitana de San Juan para la Educación
se estableció en 1994, como iniciativa de la Universidad
del Sagrado Corazón, junto a otros proyectos similares
en Estados Unidos, por invitación de la Fundación
Ford. El propósito del proyecto era mejorar la educación
en áreas metropolitanas empobrecidas y combatir la
deserción escolar en Puerto Rico.
La Universidad del Sagrado Corazón
invitó a ASPIRA de PR, al College
Board Oficina de PR y América Latina, a la Fundación
Comunitaria de PR
y al Departamento de Educación de PR a fundar la Alianza.
Estas
organizaciones aceptaron el reto de colaborar juntas por el
cambio
educativo.
A partir de 1998, la Alianza estableció
una relación de colaboración
directa con las 11 escuelas del Distrito Escolar de Cataño.
Esta
colaboración se ancló en una diversidad de estrategias
y supuestos
educativos para estimular el cambio educativo sistémico.
Los
esfuerzos brindaron la oportunidad de desarrollar masa crítica,
trabajar la práctica reflexiva, la colaboración,
el uso de los datos
para la toma de decisiones, la planificación conjunta,
y la
implantación de programas o sistemas localmente diseñados.
Además,
permitieron diseñar estrategias para el desarrollo
de innovaciones que
tomaran en consideración el sistema tributario como
un sistema
articulado y alineado a las necesidades de los estudiantes,
la
comunidad escolar y la integración de las madres y
padres a la gestión
escolar, entre otros.
En 2003 la Alianza se expandió
con 3 nuevos aliados: el Museo de Arte
de Puerto Rico, el Conservatorio de Música de Puerto
Rico y la
Asociación Pro Juventud y Comunidad Barrio Palmas de
Cataño.
Ese mismo año, con el co-auspicio del Departamento
de Educación de
Puerto Rico y la Fundación W.K. Kellogg, la Alianza
inició el proyecto
Distritos en Colaboración para el Cambio Educativo
Sistémico (DECCES)
en los distritos escolares de: Toa Alta, Villalba, Comerío,
Maunabo y
Rincón, con el fin de que éstos elaboraran una
visión propia de cambio
educativo a partir de sus necesidades. En los trabajos se
enfatizó el
desarrollo de proyectos iniciados localmente y la delineación
de
planes de sostenibilidad que adelantaran y mantuvieran vivos
los
procesos de cambio generados en y por las comunidades escolar
y
educativa.
Al siguiente año, en el 2004,
se estableció el Instituto de Política
Educativa para el Desarrollo Comunitario con el propósito
de
investigar las iniciativas efectivas de cambio que surgen
en la base y
hacer recomendaciones, como política educativa, basados
en estos
hallazgos.
En sus años de trabajo, el trabajo
de la Alianza impactó una red de
73 escuelas, 6 distritos escolares, y alrededor de 29,620
estudiantes,
2,600 maestros y 100 miembros del personal no docente. También
capacitó alrededor de 696 madres y padres; durante
el año 2004 se
registró una participación de 44,643 madres,
padres y encargados en
asistencia acumulativa en las actividades del proyecto.
La experiencia directa de la Alianza
en el desarrollo de un modelo de cambio sustenta hoy el trabajo
del Instituto de Política Educativa para el Desarrollo
Comunitario.
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